Colegio de Pago
Sin casi terminar la frase se abalanzó sobre mí, casi tirándome al suelo, al mismo tiempo que me besaba apasionadamente, casi de forma animal. - - ¿ Pero... que haces? - ( para ser sincero, a pesar de la sorpresa, la cosa me gustaba) - - Te quiero, te necesito... (dijo entrecortadamente debido a la excitación y al beso que me estaba dando). - - Estará Carolina esperando fuera- dije un poco en tono de excusa, como último recurso de fidelidad a Carolina. - - Olvídala ahora, por favor, hazme este favor. La respondí con mi siguiente paso que di. Pues lo que hice fue aposentar en sus prominentes senos mis manos, a lo que ella respondió con un gemido de placer incontenido. Luego empecé a besarla apasionadamente mientras la iba subiendo el suéter blanco que solía llevar. Terminé de quitárselo y empece a tocar y besar sus senos, todavía dentro del sujetador de color claro que llevaba. - - Ahhh, sigue así. Me gusta, sigueee.
No perdí mientras el tiempo pues con una mano la desabroche el corché del sujetador, con la otra la situé masajeando sus nalgas, mientras que seguía besando y mordisqueando sus senos.
Mientras continuaba trabajándome sus senos, la desabroché el vaquero que portaba y se lo bajé hasta los tobillos. Llevaba unas preciosas bragas de encaje a juego con el sujetador que ya estaba descansando en el suelo. Sin ni siquiera pensarlo, plante mi mano encima de la tela que recubría su raja. La tela estaba empapada en sus jugos. Debía estar muy cachonda pues no paraba de segregar jugos. Acto seguido metí mi mano en sus bragas y con tan solo acercarme a su bello púbico ya estaba en el clímax. Al poco la metí un dedo en el coño y empecé a masturbarla. El dedo entraba y salía como si nada, a pesar de que como sabía y confirmé en ese momento, era virgen, pues estaba muy lubrica de lo cachonda que estaba. - - Sí, siii sigue así. Ohh que gusto. - decía entrecortadamente entre gemidos de puro placer. - - ¿ Te gusta, verdad? - - Sí. Me muero de gusto. - - ¿ Quieres más? - - Sí. Por favor. Continua.
Terminé de bajarle las bragas. Ella mientras tampoco estaba pasiva, pues en pocos momentos me había quitado el chándal y ya estaba jugueteando con el abultado instrumento que había debajo de mis calzoncillos. - - Venga, a llegado el momento de que hagas algo por mí.
Al decir esto me baje los calzoncillos y la mostré en una completa erección mi polla. Sin que dijera nada más, ella ya se hizo idea de lo que quería puesto que sin pensarlo me agarró el nabo con una mano y con la otra empezó a masturbarse. Teóricamente era la primera vez que lo hacía, pero lo hacía muy bien. Con un impulso cada vez más desbocado, se decidió a hacerme lo que fue su primera mamada. Al principio con un poco de miedo o quizá de desazón empezó a mamármela. Lo hacía muy bien. La agarre bien de la cabeza para que succionara con más fuerza. Me la estaba realizando con mucha clase y poco me hubiera faltado para correrme a no ser porque la detuve. - - ¿ Quieres? - Dije, pidiendo su permiso para penetrarla. - - Sí, es lo que más he querido en mi vida. No te cortes en ningún momento. Desvírgame enseguida.
Me recreé en esos momentos. Deslizando la punta por los labios mayores, haciéndola gemir de placer. Disfrutaba de lo lindo. Pasándolo en pequeños círculos alrededor de su raja. Luego poco a poco la fui introduciendo en su coño. Muy poco a poco con cuidado de no dañarla y de no hacerla daño. - - Métemela del todo. Quiero sentirlo dentro de mí.- dijo en un tono de perra en celo.
Se la metí del todo y empecé una serie de penetraciones, cada vez más rápidas. Estarse follando a esa hembra adorable mientras la agarraba los senos disfrutando de su virginidad era demasiado placer junto. En tan solo unas pocas embestidas tuvo un orgasmo. Fue un proceso que fue adquiriendo velocidad y que era algo inolvidable. Estaba después de un tiempo a punto de estallar. - - ¡ Que me corro, ahhh!- dije extasiado.
Por precaución se la saqué del conejo y me termine de masturbar en su cara. Me corrí como nunca lo había hecho. Borbotones de esperma que salían e iban a parar a su cara. Como estaba con la boca abierta muchos de estos chorros fueron a parar a lo más profundo de su garganta, y muchos otros, que resbalan por toda su cara y pelo los iba recogiendo con la legua con una expresión ávida de nuevas experiencias. Como quien sabe que tiene el trabajo bien hecho, cuando terminé de correrme, me la mamó para dejármela totalmente limpia, al mismo tiempo que se relamía. Desde luego había sido uno de esos polvos que le dejan marcado a uno durante toda su vida.
Nos vestimos, y por precaución ella salió unos minutos antes. Poco después, estando ya bien acicalado me dirigí a la salida del vestuario. Estaban allí fuera. Hablando como si nada de cosas banales.
Allí estaba Susana hablando tan amigablemente con Carolina...
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