En el Vagón de Metro
Cora estaba dejando salir a la que siempre supo que existía en ella, a la que le encantaba el sexo pasional, el sexo salvaje, el sexo fuerte. Imaginó que aquel hombre la estaba violando y eso la calentaba, la alentaba a seguir y a excitar más a aquel desconocido. Sus manos empezaron a recorrer ese físico duro y generoso que la aplastaba contra la pared. Arañaron la espalda cubierta por esa camisa de fajina, aspiró el aroma sudoroso que emanaba de él, apretaba las caderas de aquel hombre contra su pelvis y sentía su pene endurecido refregarse contra ella y la respiración masculina que pasaba de la excitación a la urgencia, de la voz ronca al deseo profundo. En menos de dos segundos sintió como saltaban los botones de su blusa y el aire invadía sus pechos expuestos ante los ojos y la boca masculina, su falda se había subido con las manos del hombre que tenía frente a si y la piel se le estaba calentando con el roce de la yema de los dedos y las pupilas negras que no la abandonaban.
-Te quiero coger acá y ahora.-
-Cógeme, lo deseo, lo necesito.-
Semi desnuda ella, vestido aun él, la ubicó de espaldas a su pecho, la sujetó por atrás y dejó vagar sus manos por sus pechos, los encerró entre sus manos, los pellizcó mientras Cora subía y bajaba refregándose contra él como una gata en celo, calentándose con el roce de ese pene cada vez más erecto. Cora sentía como sus hombros eran mordidos y lamidos por una lengua cálida y húmeda y mientras esa sensación la inundaba, tomó las manos de él para que abandonara sus pechos y llegara hasta su vagina, hizo que él la acariciara por sobre su ropa interior y él consiguió correr un poco la tela para poder meter un dedo y tocar la carne.
-Estas muy caliente, preciosa, dijo en sus oídos.-
-Si, muy, muy caliente, ayúdame!!!.-
-Qué queres que te haga?. - preguntó mientras seguía rozando la carne tierna y húmeda.-
-Méteme un dedo.-
No se hizo esperar el pedido, un dedo dejó el borde de la ropa interior y con destreza abrió los labios y se metió entre la carne, buscando, como una culebra, arrastrándose entre tanto flujo, dibujando círculos entre el poco vello que Cora llevaba y el centro. Ante cada centímetro que ese dedo acariciaba, Cora sentía que perdía más y más el aliento, que estaba enloqueciendo, que no podía dejar de pedirle cosas. "Más despacio, más lento, más profundo". Y el dedo se multiplicó y fueron dos, que aprisionaron el clítoris, que lo estiraron y que trataron de penetrarla sin conseguirlo, la posición no era la ideal para ese estímulo, debía moverse. Se dio vuelta y cuando nuevamente lo tuvo frente a si, lo arrastró hacia el piso. Se acomodó en la escalera, tres escalones más arriba que él, subió más su falda y quedó con las piernas abiertas frente al moreno.
-Ahora si, chúpame!!!.-
La gloria le supo a poco cuando esa boca se enterró en su vagina, atrás quedó la ropa interior, sus pechos ya estaban desnudos por completo, sus propias manos se encargaban de ellos, de sus pezones, de apretarlos y juntarlos para poder llegar con su boca a lamerlos mientras ese salvaje se encargaba de su concha.
-Chúpame, chúpame... Más... Más!!!.-
La lengua de él no la dejaba en paz, la recorrió entera, la lamió sin cesar, sentía como cada rincón de sus labios vaginales eran llenados de saliva, como la punta de esa lengua recorría los bordes de su agujero delantero y calmaba los temblores, como los dedos masculinos ahora si estaban en la posición adecuada para penetrarla. Primero uno, entró y salió con total facilidad porque estaba tan mojada que no era necesario más lubricación que esa. Después dos, primero de costado y una vez adentro, de frente, entrando y saliendo, haciéndole sentir su fuerza ante cada entrada y salida. Más tarde tres y ya los gemidos no dejaban de salir de su boca, subían desde su garganta y estallaban en el aire.
-Estas muy mojada!!! Me encanta tu olor!!!.-
-Dame más lengua!!!!!!!!!!!.-
Y las dos cosas, sus dedos y su lengua, se encargaban del calor de Cora. Su lengua no cesaba de enloquecer el clítoris y sus dedos la cogían como nunca nadie hizo y ella siempre esperó. Ni siquiera el borde de los escalones podían incomodarla, nada hacía que su atención se desviara del placer que esa boca le estaba dando y del que estaba segura, seguiría obteniendo. Cada vez que esos dedos salían de su concha arrastraban flujo que él mismo saboreaba, que colocaba dentro de la boca de Cora para que ella lamiera, dedos que también cogían su paladar, acariciaba su lengua y recorrían sus labios, mojándola y dejándole su propio sabor. Después de enloquecerla, pero sin permitirle el orgasmo, se paró frente a ella, la sentó en los escalones con las piernas abiertas y le colocó la boca sobre sus pantalones. Cora dejó que sus mejillas acariciaran la entrepierna de él y se sorprendió mordiéndolo despacito entre el cierre y la tela de los pantalones. Cuando la urgencia de él no pudo más, sus manos dejaron al descubierto ese pene que la maravilló en cuanto lo vio. Era moreno como él, lucía terso, suave y brillante y esa tersura y esa suavidad se confirmaron cuando lo tomó entre sus manos. Su cabeza quedé algo agachada y mientras ella comenzaba a besar su pene, las manos de él se escurrieron para poder acariciarle los pechos en forma sincronizada con la boca de ella.
-Te gusta mi pene, verdad?.-
-Me encanta!!!.-
-Demuéstramelo!!.-
Era hora de que Cora soltara toda su pasión, así que se encargó de ese pene como siempre soñó hacer. Sus labios acariciaron la punta, dejó que la tibieza de esa punta se transmitiera a toda su boca, lamió su extensión, notó que cada vez crecía más y le encantó. La metió completa en su boca mientras sentía como las manos de él acariciaba sus pechos y la alentaban a seguir.
-Chúpamela, me gusta, me gusta!!.-
Cora queria engullirla, la sensación de poder que le daba ese pene entero dentro de su boca era maravillosa. La metía y la sacaba una y otra vez, acariciaba con ella sus mejillas, la sacudía frente a sus ojos, sentía que era su dueña y los gemidos del desconocido la calentaban. El sonido de sus labios sorbiéndola la mareaban, el olor que subía de su propio sexo era embriagador y eso hacía que aumentara la velocidad de succión, que dejara vagar su lengua por sus testículos. Tomaba alternadamente uno a uno y los escondía entre sus labios, dejaba que se arrastraran por esa piel que allí era más suave, más delicada y los soltaba despacio, mientras sus dedos seguían acariciando la piel del pene que había adquirido dimensiones soñadas.
- Siiiiii, así!!! Hummmmm, me encanta, no pares!!!.-
Dejó que ese pene también cogiera su boca, que la llenara, que la alimentara con la leche que salió de una sola vez y lamió la espesura de su esperma, que tomó por asalto su paladar y sus mejillas. Era el sabor que su boca anhelaba y un desconocido se lo estaba regalando, Miguel hacía años que no le permitía esa experiencia y ahora la estaba disfrutando como loca... Cora se sentía la más puta de las mujeres, pero ese pensamiento solo la calentaba más y más. Cuando él había terminado su primer orgasmo, Cora separé su boca de él y levantando la mirada entendió que ahora si le tocaría a ella gozar con ese pene dentro de su cuerpo. Aquel hombre, del que sabía su sabor, pero no su nombre, la recostó en el escalón y abriéndola completamente, separándole las piernas al máximo, acercó su pene a la entrada de su concha y enloqueció su agujero con su punta, dejó que lo recorriera en círculos, acarició el clítoris de Cora una y otra vez y cuando ella estaba casi inconciente de placer, dejó que las manos femeninas tomaran el pene y de un solo empujón lo enterrara en su interior. Cada empujón de él era un nuevo movimiento que clavaba el borde del escalón en la espalda de Cora, pero nada importaba, excepto la sensación de plenitud que la invadía con ese miembro dentro.
-Cógeme, no dejes de hacerlo!!! - suplicaba entre gemidos.-
-Movete así, así!!! Abrite para mí!!!.-
Y Cora elevaba las piernas, las abría hasta que las dos quedaran casi en la misma línea a la altura de su vientre, formando una sola recta y facilitándole a él la penetración. Dejaba que las manos del hombre marcaran la abertura, que las subiera a sus hombros para que su pene entrara más y más. Ambas caderas chocaban ante cada empujón, los olores se mezclaban y los gemidos escapaban de sus bocas, llenando el aire, retumbando en esa especie de cueva en la que estaban escondidos, calmando su deseo.
-Me encanta sentirte adentro, tan grande!!!.-
-Sos tan estrecha!!!.-
Y los músculos de la vagina de Cora se contraían para que el placer fuera más intenso y el pene de ese hombre respondía sujetándose más dentro de ella, mientras la cara de goce de él se hacía más intensa.
-Siiiiii, eso... Así... Hummmmmmmmmmmm... Es la locura!! movete!.-
La voz de él la alentaba, la calentaba, la excitaba y Cora no quería parar, le dolía todo el cuerpo, pero quería más y más. Cuando sacó su pene y ella aun seguía dispuesta al goce, creyó que se hundía en un agujero, pero él solo se limitó a quitarlo de su concha para poder tomarlo con una mano y con su punta, rozarle en círculos el agujerito trasero de Cora, cortándole la respiración por el goce y la sorpresa. Cómo había adivinado sus fantasías? Cómo sabía él que ella anhelaba ser penetrada por atrás? Cómo respondería a su deseo?. Bordeó la zona rozándola, mojando su pene con su flujo y arrastrándolo hacia su ano, dejando que la punta de su pene le marcara la ruta de un deseo añejo y dejando una estela de fuego allí. Cora sentía como se dilataba cada poro de su cuerpo deseando cobijar cada centímetro de carne del otro, quería que ese salvaje la cogiera todo el día, en cada orificio que ella tuviera, quería estallar por completo. El volvió a su concha, volvió a penetrarla y así, con su miembro dentro de ella, la elevó, la pegó a su torso, los pechos de ella aplastados contra el propio, las manos de ella cerradas sobre su cuello, las piernas de ella atrapando su cintura y así pegados caminaron unos pasos hasta que él la depositó en el suelo más frío y más húmedo de aquel escondite.
-Decime que es lo que más deseas, ahora!!!!!.-
-Por atrás, dámelo por atrás!!!.-
-Siiiiiiiiiiii, ya, ya!!!.-
Y sin más, le dio vuelta y la colocó en cuatro y deslizó otra vez el pene por el borde, ahora bien ubicada, ahora en posición ideal. Acarició sus glúteos desde atrás y se fascinó con la dureza del cuerpo femenino, cegado por la idea de poseerlo como sea, el tiempo que fuera hasta que aquella hembra quedara más que satisfecha. Una de sus manos recogió cuanto flujo pudo de la hermosa vagina de aquella mujer que solo se balanceaba de atrás hacia adelante, esperando el momento de ser penetrada y con ese mismo flujo mojó uno de sus dedos, lubricó el agujero del culo de ella y lo introdujo lentamente. Cora dio un respingo de sorpresa, no estaba acostumbrada a sentir nada allí, pero ordenó a su cerebro obtener placer, calmarse y disfrutar de aquello. El dedo firme del hombre la penetró, se movió dentro de ella unos instantes y luego se quedó quieto, dándole tiempo al cuerpo de la mujer a sentirlo, a adaptarse para que sus músculos se acostumbraran. Lo sacó más mojado de lo que lo metió y al ver como las nalgas de la mujer se elevaron más, comprendió que ella estaba lista para ese paso glorioso. Acercó su pene al culo de ella, apoyó su punta allí, bordeó la zona, bajó su punta a su vagina, la humedeció y ante la suplica de Cora, lo metió en dos tiempos dentro de su ano. Cuando Cora lo sintió por completo allí dentro, lanzó un grito sordo de dolor que duró solo instantes porque enseguida se transformó en sonidos guturales de placer, sus caderas se movían hacia adelante y hacia atrás, con la sola ides de soldarse a la pelvis de ese hombre, queriendo retener ese pene dentro de ella, permitiéndole a él tomarle las caderas con una de sus manos para marcarle el ritmo, porque ella estaba desenfrenada.
- Quiero más, dame más adentro!!!!.-
- Esta entero!!! Te gusta, eh????.-
- Siiiiiiii, siiiiiiiiiii, más fuerte, más adentro!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!.- No podía parar de hablarle, quería su voz en los oídos.-
- Háblame, háblame, no dejes de hacerlo!!!.- Aquel hombre se reclinó sobre la espalda de Cora, acercó su boca a los oídos femeninos y mientras que sus manos le tomaban los pechos por abajo, su voz ronca la estimulaba.-
- Te gusta sentir mi pija adentro, verdad?.-
-Hummmmmmm, siii!!!.-
-Me gusta como coges, nena!!.-
Esas manos le sobaban los pechos, le pellizcaban los pezones y Cora se excitaba hasta el delirio con el peso de ese cuerpo sobre sus espaldas y con ese pene que no dejaba de entrar y salir de su culo, friccionando su piel, haciéndola sentir caliente como cuando veía a los perros de su barrio, liberando su instinto animal.
- Sentis que duro estoy? Cómo me muevo??.-
- Hummmmm, si!!.-
Y mientras él le hablaba, ella daba vuelta su cabeza levemente para buscar esa boca que la excitaba y poder besarla, dejar que ambas lenguas pelearan libres. Cora hubiera deseado poder acariciar su clítoris, sentía que lo tenía hinchado y húmedo y que necesitaba un dedo que lo calmara.
- Tócame, tócame la concha!!!.- Le pidió sin disimulo.
El abandono la presión sobre la espalda de Cora, colocó una mano sobre sus glúteos y con la otra se dedicó a sobarle el clítoris, a estirárselo, a meterle el dedo por adelante, a complacer cada pedido de aquella hembra que lo estaba haciendo gozar cada instante que pasaba.
- Más, más, másssssssss!!.- Era el único pedido de Cora.
- Me tenés entero adentro!!! Seguí, movete!!!.-
Cora no sabe cuanto estuvo así, en cuatro patas, moviendo sus caderas hacia adelante y hacia atrás, había perdido toda noción del tiempo, solo reconocía cada sensación de placer que ese desconocido le estaba dando, solo quería reconocer la llegada del orgasmo que sabía iba a tener de un momento a otro. Cuando ninguno de los dos tenía más aire para continuar, cuando ninguno de los dos podía aguantar , Cora le pidió que volviera con su pene adelante, que quería acabar con el dentro de su concha. Así, sin resguardo, sin nada debajo del cuerpo de ella, la recostó sobre su espalda y volvió a cogerla por adelante, dándole lo que pedía, dejando derramar su leche dentro de esa vagina que sabía como retenerlo y hacerlo gozar encerrándolo entre sus paredes. Cora arqueó su cuerpo cuando sintió el estallido del varón, cuando sintió que la leche se derramaba dentro de ella, ese fue el instante mágico en el que se permitió explotar y alcanzar tal vez, su primer orgasmo como había soñado en años.
Quedó tendida en el piso, saboreando cada sensación de su piel, cada dedo masculino que había resbalado por ella instantes antes y solo alcanzó a escuchar que la misma voz que venía torturándola de deseo desde hacía dos días, le avisaba que se verían en el mismo subterráneo al día siguiente...
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